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¿Puede México seguir apostando por los combustibles mientras el mundo se electrifica?

¿Puede México seguir apostando por los combustibles mientras el mundo se electrifica?

Especialistas advierten que el verdadero reto no es abandonarlos, sino encontrar un equilibrio que garantice el abastecimiento y permita modernizar la infraestructura.

La transición energética avanza a distintas velocidades y México es uno de los ejemplos más claros de esa diferencia.

Mientras las principales economías del mundo incrementan año tras año las inversiones en electricidad, redes inteligentes y almacenamiento, el mercado mexicano continúa destinando la mayor parte de sus recursos al negocio de los combustibles.

El fenómeno no implica necesariamente un rezago, sino una realidad económica y energética distinta.

La demanda de gasolinas y diésel sigue siendo elevada, la infraestructura petrolera continúa siendo estratégica y Petróleos Mexicanos mantiene un papel dominante dentro del sistema energético nacional.

Ramses Pech, especialista energético, expresó a Surtidores Latam que con base en cifras de la Agencia Internacional de Energía, se muestra que en 2026 la inversión mundial en energía alcanzará los 3.42 billones de dólares, de los cuales 58 por ciento estará destinado a electricidad, mientras que los combustibles fósiles absorberán una proporción cada vez menor del capital disponible.

La tendencia da a entender que la inversión en electricidad supera a la destinada a combustibles desde 2022 y continúa ampliando esa diferencia mediante el desarrollo de redes, generación renovable y sistemas de almacenamiento.

En contraste, México mantiene una estructura energética mucho más ligada a los hidrocarburos.

El mismo señaló que cerca de dos terceras partes de la inversión energética nacional continúan concentradas en Pemex y en el petróleo, mientras que la expansión de las redes eléctricas y de la energía solar avanza, aunque todavía sin el ritmo suficiente para responder al crecimiento futuro de la demanda.

Esta situación tiene una explicación lógica

El país aún depende ampliamente de los combustibles para el transporte de mercancías, la movilidad particular y buena parte de la actividad industrial. 

A ello se suma una extensa infraestructura de refinación, almacenamiento y distribución que continúa requiriendo inversiones para mantener la seguridad energética.

Para el sector gasolinero, este panorama confirma que los combustibles líquidos seguirán siendo protagonistas durante varios años.

No obstante, también anticipa que las estaciones de servicio deberán comenzar a convivir con nuevas tecnologías energéticas.

El experto sostuvo que las mayores inversiones internacionales ya no se concentran únicamente en producir energía, sino en transportarla y administrarla.

Las redes eléctricas pasaron de recibir 314 mil millones de dólares en 2015 a más de 540 mil millones en 2026, mientras que las baterías multiplicaron por más de cien veces el capital destinado hace apenas una década.

La inversión mundial en petróleo cayó aproximadamente 35 por ciento entre 2015 y 2026 como consecuencia de una menor exploración, mejoras tecnológicas y un mercado que dejó de expandirse al ritmo observado años atrás.

En cambio, el gas natural conserva parte de su atractivo gracias al crecimiento del GNL, mientras que el carbón continúa sosteniendo inversiones principalmente por la demanda asiática.

Lejos de significar el fin del petróleo, los datos muestran una redistribución del capital energético.

La prioridad ya no consiste únicamente en extraer más hidrocarburos, sino en construir sistemas capaces de integrar distintas fuentes de energía.