Saber gestionar reservas y consumo puede ser decisivo en tiempos difíciles: ATIO Internacional
Una diferencia de apenas unos puntos porcentuales puede representar miles de litros y un costo significativo cuando se manejan grandes volúmenes.
En industrias donde el combustible es indispensable para mantener vehículos, maquinaria y equipos en funcionamiento, conocer cuánto queda disponible puede ser tan importante como garantizar el próximo abastecimiento.
Cuando las condiciones impiden el ingreso de nuevos suministros durante días o semanas, la gestión deja de ser una cuestión exclusivamente logística y pasa a determinar cuánto tiempo puede sostenerse una operación.
Gastón Favereau, Managing Director de ATIO International, señaló en diálogo con Surtidores que en situaciones de aislamiento la tecnología permite pasar de una administración reactiva a una gestión basada en información sobre las reservas y el consumo.
“Si el combustible comienza a escasear y la crisis se extiende más de lo previsto, resulta muy difícil definir cuánto racionar y durante cuánto tiempo”, explicó.
El problema se vuelve todavía más complejo cuando una operación debe continuar funcionando sin conocer cuándo podrá restablecerse el abastecimiento.
En ese punto, contar con información actualizada permite estimar cuánto combustible queda y durante cuánto tiempo alcanzará de acuerdo con el ritmo de consumo.
Pero el sistema no se limita a realizar una proyección.
También puede convertir esa información en reglas concretas de despacho.
Favereau ejemplificó el mecanismo con una camioneta de una operación minera: si normalmente el vehículo puede cargar un tanque completo, ante una restricción podría autorizarse únicamente el 80 por ciento de su capacidad.
Si las condiciones empeoran, el límite podría reducirse al 60, 40 o incluso al 10 por ciento.
La decisión se toma a partir de la disponibilidad existente y de las necesidades de la operación, mientras que las reglas se aplican directamente en el punto donde se entrega el combustible.
Para Favereau, este aspecto adquiere especial relevancia durante una emergencia porque evita que la distribución quede librada exclusivamente al criterio de quien realiza el despacho.
“La tecnología que está midiendo lo que se consume en todas partes va ejecutando las decisiones de aquellas personas que están en el control de la crisis”, sostuvo.
El objetivo, en definitiva, es administrar un recurso limitado de acuerdo con una estrategia definida previamente, incluso cuando las condiciones obligan a modificar rápidamente las prioridades.
En una mina aislada durante un temporal, por ejemplo, llega un punto en el que la discusión ya no es solamente por cuánto combustible puede ahorrar.
Se debe determinar qué equipos continúan funcionando, cuáles pueden detenerse y qué volumen debe reservarse para servicios esenciales.
La experiencia relatada por la empresa muestra que, durante períodos de aislamiento, el combustible puede llegar a administrarse de manera extremadamente restrictiva mientras los vehículos y equipos consumen sus reservas.
El costo invisible de la falta de control
La otra dimensión que aparece detrás de la digitalización es la económica.
Una parte del combustible puede desaparecer de los registros por diferencias de medición, errores durante las cargas, operaciones que no quedan documentadas o simplemente por la ausencia de mecanismos capaces de comparar de manera permanente los volúmenes recibidos, almacenados y consumidos.
Consultado sobre cuánto puede representar ese problema en una operación que todavía utiliza procesos manuales, Favereau estimó que una explotación minera sin sistemas de control puede enfrentar “como mínimo un 5 por 100 de pérdida”.
A partir de esa referencia, el ejecutivo consideró que la incorporación de una tecnología de control razonable podría traducirse en un ahorro cercano a ese porcentaje. Incluso advirtió que la mejora podría ser superior.
La cifra fue planteada por Favereau como una estimación basada en su experiencia y referida a operaciones que carecen de mecanismos de control, por lo que no representa un porcentaje aplicable de manera uniforme a todas las instalaciones.
Sin embargo, el dato permite dimensionar el impacto que puede tener una diferencia aparentemente pequeña cuando se trabaja con grandes volúmenes de combustible.
En operaciones de consumo intensivo, una desviación porcentual puede convertirse rápidamente en un costo significativo.
Por eso, el modelo apunta a que la empresa pueda conocer sus existencias, proyectar su autonomía, establecer límites de carga y controlar los despachos a partir de información actualizada.
En situaciones normales, esto puede contribuir a reducir ineficiencias. Frente a una emergencia, puede convertirse en una herramienta para decidir cuánto tiempo puede mantenerse activa una operación.


