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México se rezaga en el nuevo mapa del petróleo global

México se rezaga en el nuevo mapa del petróleo global

El crudo de otros países latinoamericanos gana espacios en el suministro global tras meses de conflicto en Irán, mientras la mezcla mexicana se pierde el boom de precios.

La imagen de Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, sonriente y con las manos manchadas de petróleo sobre un tanquero mar adentro, en la desembocadura del río Amazonas, donde Petrobras anunció un importante descubrimiento de hidrocarburos, encapsula el momento energético de Latinoamérica. El tablero petrolero mundial está en pleno reacomodo tras meses de guerra en Irán, lo que ha abierto nuevas oportunidades para los productores de la región. Desde Argentina y Brasil hasta Venezuela y su vecino Guyana, el petróleo americano —incluido el de Estados Unidos— está llegando a nuevos mercados. México, sin embargo, contrasta en esta escena al perderse la ola de los precios altos.

El país norteamericano ha reducido sus exportaciones de crudo a mínimos históricos, con un promedio de unos 500.000 barriles por día (bpd). La caída responde, por un lado, al descenso de su producción, que ronda los 1,3 millones de barriles diarios, y por otro a una política energética que privilegia el envío del petróleo a refinerías nacionales y el abastecimiento interno de combustibles. En ese contexto, Pemex ha reportado en junio ingresos por unos 1.300 millones de dólares, un avance interanual de 61,6%, pero insuficiente para sanear sus finanzas o posicionar a México como un proveedor confiable para un mercado sediento de crudo.

El bloqueo del estrecho de Ormuz se ha convertido en un punto de quiebre para el sistema energético mundial. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) estima que el volumen de hidrocarburos líquidos transportado por ese paso promedió unos 4,9 millones de bpd en el segundo trimestre de 2026, frente a los 21,6 millones del último trimestre de 2025, antes del inicio de un conflicto que se ha prolongado mucho más de lo prometido por el presidente Donald Trump. Según el Centro de Política Energética Global (CGEP, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Columbia, Latinoamérica ya avanzaba a convertirse en la principal fuente de suministro de petróleo global, fuera de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), pero la guerra solo ha hecho más evidente el valor estratégico de la región para la demanda mundial.

América del Norte y del Sur han pasado de alcanzar la paridad con Oriente Medio a producir actualmente un 20% más que Oriente Medio. Esto, impulsado principalmente por Estados Unidos, pero también por Brasil, Guyana y otras partes de América. Ciertamente, ahí hay algunas pistas de por qué la actual no se ha convertido en la crisis que se predecía a principios de año”, detalla Nick Wayth, director ejecutivo del Energy Institute, una organización de profesionales del sector, en una presentación de cifras.

Brasil, el mayor exportador de crudo de Latinoamérica, con una producción de 4,5 millones de barriles diarios, mantiene subastas activas para explorar el vasto yacimiento del presal, al tiempo que avanza en la evaluación del descubrimiento frente al Foz do Amazonas. Argentina también ha abierto licitaciones para explorar un área marítima en su frontera con Uruguay que complemente las ingentes reservas de Vaca Muerta. Guyana, por su parte, se ha convertido en un nuevo actor relevante en el Caribe: en apenas unos años elevó su producción a cerca de 750.000 bpd, alrededor del 7% del total regional, y mantiene perspectivas favorables para seguir creciendo. La ecuación se completa con Venezuela, inmersa en un proceso de recuperación de su potencia petrolera, bajo la tutela financiera de Washington.

Pero México no tiene abiertas licitaciones”, recalca Alma Porres, especialista del sector petrolero mexicano. Este año, la empresa ha firmado una decena de proyectos mixtos en un intento por elevar su bombeo, aunque en la actualidad no adelanta procesos de subasta. “Incluso Estados Unidos está abriendo aguas profundas, en el Golfo de México”, agrega. El vecino del norte puso en marcha en agosto la subasta de una extensa superficie marítima para estimular su producción interna ante la volatilidad geopolítica. Mientras, Trump ha anunciado este jueves una intensificación de las sanciones económicas contra Irán, al describirlas como una “guerra económica”.

La mezcla mexicana de exportación ha ganado unos 20 dólares por barril desde el inicio del conflicto. Sin embargo, ese beneficio se diluye entre los elevados costos operativos de Pemex, que mantuvo una pérdida neta acumulada al cierre de junio, según un análisis de Banamex. La mayor absorción de crudo para refinación y abastecimiento interno también se traduce en un costo de oportunidad para las finanzas públicas, al reducir la monetización de las exportaciones y los ingresos petroleros. “La mejora en términos de deuda financiera y con proveedores sigue dependiendo, en gran medida, del apoyo del Gobierno federal en un contexto de presiones crecientes para las finanzas públicas”, agrega el banco. Aunque la petrolera logró reducir su deuda un 9% respecto al cierre de 2025, todavía acumula compromisos por 77.500 millones de dólares.

Además, la eficiencia del sistema de refinación de la estatal sigue bajo escrutinio. Cálculos del Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) indican que el negocio público de refinación genera pérdidas de al menos 10.000 millones de dólares al año. Asimismo, el Gobierno de Claudia Sheinbaum también ha recurrido a medidas fiscales para subsidiar la gasolina y el diésel, sacrificando parte de los ingresos extraordinarios derivados de un barril mexicano cercano a los 80 dólares.

A esos pocos ingresos extras hay que restarle los 10.000 millones que estamos perdiendo por no refinar la gasolina eficientemente y por importar algunos otros productos petroquímicos. Todavía estamos importando 400.000 barriles de gasolina diarios, principalmente de EE UU, y esos también tienen un precio más alto que antes”, agrega Víctor Manuel Herrera, de la IMEF, en una rueda de prensa. “En realidad, como somos un importador neto de energéticos, no hay un beneficio para México en todo este proceso”, concluye.