Gasolina y diésel importados podría impactar a otros sectores económicos: analistas
El aumento en los costos de la gasolina y el diésel puede trasladarse a fletes, mudanzas, transporte y otros servicios, generando presiones adicionales sobre el gasto de los hogares mexicanos.
El aumento en los precios de la gasolina y el diésel comienza a convertirse en una presión directa para la economía de los hogares mexicanos.
Mientras la gasolina Premium se acerca a los 30 pesos por litro en distintas estaciones y el diésel ronda los 27 pesos, el mayor costo de mover personas y mercancías puede terminar reflejándose en productos y servicios que las familias pagan todos los días.
El golpe no se limita al automovilista que carga combustible.
El diésel es un insumo fundamental para camiones de carga, autobuses y otras unidades utilizadas para transportar mercancías, por lo que cualquier incremento sostenido puede elevar los costos de distribución.
Ese encarecimiento puede trasladarse posteriormente al precio de alimentos, productos básicos, mudanzas y servicios de transporte.
El economista Eduardo Soto advirtió precisamente sobre ese efecto en cadena.
Según su explicación, cuando aumenta el diésel utilizado por las unidades de carga y pasajeros, los propietarios pueden incrementar los fletes, las mudanzas y, en algunos casos, las tarifas mínimas del transporte.
Para las familias, eso significa que el impacto puede aparecer incluso en gastos que no tienen relación aparente con llenar el tanque de un automóvil.
Los precios registrados en el Valle de México muestran la dimensión del problema.
En estaciones ubicadas en Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, Iztapalapa, Chalco, Coacalco y Ecatepec, la gasolina Premium fue localizada entre 28.57 y 29.22 pesos por litro.
En Iztapalapa y Xochimilco también se reportaron precios de hasta 29.67 pesos para este combustible.
El diésel tampoco mantiene un precio uniforme.
Los datos proporcionados ubican el litro en aproximadamente 26.97 pesos en Ciudad de México, 26.75 en Estado de México, 27.14 en Jalisco y 27.06 en Nuevo León.
En algunas localidades los precios pueden alcanzar alrededor de 28 pesos, mientras que la gasolina Magna también presenta diferencias que llegan a cerca de dos pesos por litro dependiendo de la estación.
El gobierno federal mantiene estímulos fiscales para intentar contener el impacto.
Del 12 al 18 de septiembre, el diésel recibió un estímulo de 100 por ciento del IEPS, además de 15 centavos adicionales por litro.
La gasolina Magna tuvo un estímulo de 51.43 por ciento y la Premium de 45.69 por ciento durante ese periodo, una política diseñada para reducir la presión fiscal sobre los combustibles y moderar su precio final.
La presión aumenta por el comportamiento del mercado petrolero internacional.
Con el crudo por encima de los 100 dólares por barril, México enfrenta mayores dificultades para mantener estables los precios internos de los combustibles.
El efecto no necesariamente aparece de inmediato en el bolsillo, pero puede transmitirse gradualmente a través de toda la cadena logística que comienza con el transporte de mercancías.
El acuerdo impulsado por el gobierno federal con el sector gasolinero busca mantener la gasolina regular por debajo de 24 pesos y el diésel por debajo de 27 pesos por litro durante seis meses.
Sin embargo, los precios observados muestran que existen estaciones por encima de esas referencias, mientras Profeco mantiene el monitoreo del mercado.
Para el consumidor, la diferencia entre una referencia oficial y lo que finalmente paga en la estación termina siendo dinero que sale directamente de su presupuesto.
El riesgo para la economía familiar está precisamente en esa acumulación de pequeños aumentos: llenar el tanque cuesta más, trasladarse puede encarecerse y transportar mercancías requiere mayores recursos.
Si esos costos se trasladan a los precios finales, la gasolina y el diésel dejan de ser únicamente un problema para los conductores y se convierten en una presión adicional sobre el gasto cotidiano de millones de mexicanos.


