En la nueva geopolítica, ¿quién controla realmente el mercado energético?
El control de la infraestructura, la logística y las cadenas de suministro desplazó a la producción de petróleo como principal factor de influencia en el mercado energético internacional.
Durante años, el sector petrolero estuvo dominado por una premisa, quien extraía más hidrocarburos tenía mayor influencia.
Sin embargo, para el consultor energético Ramses Pech, esa realidad cambió.
En conversación con Surtidores Latam, sostuvo que el peso de una potencia ahora se mide por su capacidad para gestionar terminales, ductos, complejos de refinación, puertos, contratos y rutas comerciales que permiten que el petróleo, el gas natural y sus derivados lleguen a los consumidores.
“La energía es la sangre del sistema internacional. No se trata de producir más; se trata de controlar mejor”, afirmó.
A su juicio, Estados Unidos consolidó esa posición al desarrollar una estructura que integra extracción, procesamiento, exportación y distribución.
Esa red, explicó, le permite responder con rapidez a cambios en la demanda y fortalecer su presencia en distintas regiones cuando el suministro enfrenta dificultades.
Uno de los casos más representativos ocurrió tras la invasión rusa a Ucrania.
La disminución del flujo de gas ruso hacia Europa aceleró la búsqueda de proveedores alternativos y abrió espacio para que el gas natural licuado estadounidense incrementara su participación.
“Europa compra gas estadounidense no porque siempre sea el más económico, sino porque está disponible. Y en política energética, la disponibilidad termina imponiéndose”, señaló.
Para Pech, esta situación demostró que la seguridad del abastecimiento adquirió un valor comparable al de los propios recursos naturales.
En consecuencia, la logística pasó a ocupar un lugar determinante dentro del negocio energético.
El especialista también habló de México como una fuerte integración con Estados Unidos mediante gasoductos, el intercambio eléctrico y el comercio de gasolinas y diésel convirtió al país en un componente esencial para el funcionamiento del sistema norteamericano.
Al mismo tiempo, recordó que gran parte de las refinerías ubicadas en la costa del Golfo continúan procesando crudos pesados, lo que mantiene vigente la importancia de productores latinoamericanos como Venezuela y Colombia para complementar las mezclas requeridas por esas instalaciones.
Según Pech, el mapa energético también cambió en Asia. Japón y Corea del Sur incrementaron las compras de GNL estadounidense para respaldar su actividad industrial, mientras China e India aprovecharon el petróleo ruso con descuentos frente a las cotizaciones internacionales.
Desde su perspectiva, estos movimientos responden a un mercado donde la infraestructura y la capacidad de garantizar entregas tienen cada vez mayor incidencia.
“La dominación energética no necesita tanques. Necesita ductos, contratos, refinerías, barcos, permisos y precios”, sostuvo.
El consultor consideró que esta transformación obliga a observar el negocio de los combustibles desde una óptica más amplia.
A su entender, las variaciones del barril siguen siendo relevantes, pero ya no alcanzan para explicar el comportamiento del sector.
La capacidad instalada, las terminales de GNL, las rutas marítimas, las restricciones comerciales, el financiamiento y la disponibilidad operativa condicionan cada vez más la estabilidad de los mercados.
“Quien administra la energía administra el futuro”, concluyó Pech.


