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¿Qué tan expuesto está México ante un nuevo repunte del crudo?

¿Qué tan expuesto está México ante un nuevo repunte del crudo?

Advierten que el riesgo geopolítico impacta más por expectativas que por escasez real y analiza si el gobierno mexicano tendría margen para amortiguar un alza abrupta en gasolinas.
Advierten que el riesgo geopolítico impacta más por expectativas que por escasez real y analiza si el gobierno mexicano tendría margen para amortiguar un alza abrupta en gasolinas.

El posible cierre parcial del Estrecho de Ormuz volvió a sacudir a los mercados energéticos internacionales y abrió una pregunta para México: ¿puede el gobierno contener un nuevo incremento en los precios de los combustibles si el barril se dispara?

Según expresó a Surtidores Latam el analista Ramses Pech, la discusión no debe centrarse únicamente en el volumen físico de crudo comprometido, sino en la forma en que los mercados financieros incorporan el riesgo.

Los precios del petróleo no responden solamente a inventarios actuales, sino a la expectativa de escasez futura. El mercado actúa de manera inmediata cuando percibe riesgo”, explicó.

En recientes declaraciones de funcionarios estadounidenses, se mencionó la implementación de un programa para mitigar el impacto de un eventual cierre de Ormuz.

Sin embargo, Pech pone el foco en los datos estructurales: el estrecho concentra alrededor del 20 por ciento del tránsito mundial de petróleo, pero Estados Unidos importa por esa vía entre 300 y 600 mil barriles diarios, equivalentes al 7-8 por ciento de sus importaciones totales y menos del 2 por ciento de su consumo diario.

Además, cuenta con reservas estratégicas para 59 días, que ascienden a aproximadamente 115 días si se considera el almacenamiento privado.

Las reservas estratégicas sirven para evitar desabasto, no para controlar precios”, remarcó.

El mayor impacto físico recae sobre Asia

El 84 por ciento del crudo que cruza Ormuz tiene como destino ese continente.

China, India, Japón y Corea del Sur concentran el 69 por ciento de ese flujo, con niveles de dependencia que en algunos casos superan el 50 por ciento de sus importaciones.

Europa recibe entre el 4 y el 6 por ciento, mientras que Estados Unidos obtiene entre el 1 y el 2 por ciento.

Pero el mercado es global

Aunque la dependencia física de América sea baja, los precios internacionales reaccionan al riesgo.

Este fenómeno se conoce como prima de riesgo geopolítico. Los precios suben no necesariamente por escasez inmediata, sino por la percepción de que podría haberla”, sostuvo Pech.

El país produce petróleo, pero importa una parte relevante de gasolinas y diésel, principalmente desde Estados Unidos.

Por lo tanto, cualquier incremento en el precio internacional del crudo impacta tanto en los costos de refinación como en los productos terminados que México adquiere en el exterior.

Pech explicó que, ante un barril elevado, el gobierno mexicano tiene dos escenarios principales: no intervenir y trasladar el aumento a empresas privadas y a Pemex en terminales de almacenamiento; o aplicar estímulos fiscales, como ya ocurrió en 2022, para mantener estable el precio final al consumidor.

Si el precio del barril es elevado, podría ocurrir lo mismo que en 2022, cuando el gobierno otorgó subsidios para mantener el precio estable. Es decir, se utilizarían recursos del erario para amortiguar el impacto”, indicó.

Cuando el gobierno aplica estímulos para evitar aumentos en gasolinas, reduce o elimina temporalmente este impuesto, lo que implica una menor recaudación fiscal.

En ambos escenarios, con o sin subsidio, el impacto termina reflejándose en las finanzas públicas: ya sea por menor ingreso tributario o por menor margen en la venta de producto por parte de Pemex.

En este contexto, el llamado “pacto de 24 pesos” para la gasolina regular enfrenta un entorno externo desafiante.

Si el barril experimenta un incremento abrupto de hasta 10 dólares, como ocurrió recientemente en jornadas de alta volatilidad, el margen de maniobra fiscal se vuelve determinante.

Para Pech, el elemento central es comprender que el precio del petróleo influye directamente en la inflación y en el costo de los combustibles.

Los mercados reaccionan al riesgo percibido. Aunque existan reservas, si el conflicto escala, los operadores anticipan que podrían requerirse por más tiempo y eso presiona los precios”.